La Organización Mundial de la Salud (OMS), según datos del 2011, situó en 82 años la esperanza de vida de España. En un contexto más amplio, en Europa es de 76 y, si la perspectiva es planetaria, los habitantes del mundo viven una media de 70 años. Pero si retrocedemos dos décadas, en 1990 los españoles vivían 77, los europeos 72 y la esperanza de vida en el globo era de 64 años.

Vistas las cifras y aún considerando las diferencias entre el primer y el tercer mundo, lo cierto es que la población envejece y que, incluso en un continente tan castigado como África, la esperanza de vida ha pasado de 50 a 56 años en dos décadas.

Pero a falta del bálsamo de Fierabrás y otras opciones mágicas, longevidad y enfermedades (crónicas o no) son dos conceptos indisolublemente unidos. Por eso, uno de los retos a los que se enfrenten las sociedades es la provisión de atención sanitaria adecuada a los nuevos perfiles demográficos. Pero este marco también contempla la necesidad de educar a los pacientes en el autocuidado, dotando al individuo de mayor protagonismo en el control de su salud.

Giuseppe Russolillo, presidente de la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas (FEDN), CONCRETA: “Existen dos formas de cuidarse para mejorar la salud, y son el ejercicio físico y la alimentación. Cada vez hay más ciudadanos sensibilizados en participar en su proceso de salud a través de la nutrición”

Los beneficios de llevar una dieta saludable los puso negro sobre blanco la OMS en 2010, cuando determinó que entre las 10 causas  de muerte más comunes en todo el mundo, cinco están relacionadas con la alimentación. Se trata del sobrepeso y la obesidad, el escaso consumo de frutas y hortalizas la deficiencia de hierro, el aumento del colesterol y el abuso de sal.

Además, aprotó datos elocuentes, como que 1,7 millones de personas mueren al años por una baja ingesta de frutas y hortalizas. “Por eso insistimos en que si los ciudadanos comiesen cinco raciones al día(tres de fruta y dos de hortalizas), disminuiría esta carga de mortalidad sólo con esos 650 gramos diarios”, puntualiza Russolillo.

El autocuidado en nutrición, además de evitar el sobrepeso y la obesidad, reduciría la prevalencia de las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, la diabetes y el cáncer. “Las frutas y hortalizas contienen fitoquímicos vegetales para defenderse de los virus, bacterias, mohos y hongos. Se está demostrando que estas sustancias previenen los problemas cardiovasculares y el cáncer. Muchas de ellas están por descubrir, pero sabemos que funcionan”, dice Russolillo.

Es una evidencia que cuidar la salud redunda en una mejora de calidad de vida, y “que en algunos casos perder cinco o 10 kilos podría aumentar la esperanza de vida en 10 años”. Reconoce Russolillo. Pero, además de lo obvio y de los beneficios que el autocuidado supone para las personas, no hay que olvidar la salud de las arcas del Estado: “El 7% del gasto sanitario proviene de la obesidad. Y además, gastamos millones de euros en fármacos para reducir el colesterol, cuando esos pacientes, simplemente con el cuidado de la dieta y con ejercicio físico, podrían bajar sus niveles sin medicación”.

La urgencia en el fomento del autocuidado viene dada por un dato alarmante, que dibuja un país quizá apeado de la famosa y recomendable dieta mediterránea. “España es el cuarto país de la UE en obesidad infantil en la franaja de 10 a 12 años, detrás de Italia, Malta y Grecia. Es un asunto grave. Comen mal, hacen poco ejercicio y, si no intervenimos, serán adultos obesos”, avisa Russolillo.